Me voy a reclutar
y se me va a ir el silencio
y con él la supuesta tristeza
con la que me he casado desde anteaños.
Me voy a ir a fumarme
los malos hábitos,
a cogerme al carácter
que se supone debía adquirir en tiempo y forma.
Fulminaré con pequeñeces
la bocanada de tu ausencia,
querré todo sin saber nada,
mientras me escude en el derecho de los impulsos secos.
Vagaré haciéndome la omisa,
la hipócrita, la suicida.
¡A regalar antologías de obituarios a los niños!
¡A joder al sistema con el hacha que rompe la inercia!
Los arrepentidos blasfelogian a los quebrados
entre colmillos
entre maldiciones
entre lenguas viborosas
entre chantajes magistrales
y al final, al mero final
a los arrepentidos se les convierten los colmillos en dientes.
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